4 de junio de 2009

Gira de "Días de vino y rosas"


Ya podemos ofreceros el calendario con todas las citas de la larga gira de "Días de vino y rosas". Recorreremos una buena parte de España...

SEPTIEMBRE 2009
9 X Zaragoza
10 J Zaragoza
11 V Zaragoza
12 S Zaragoza
13 D Zaragoza
18 V Ponferrada
19 S Santiago
20 D Santiago
24 J Vigo
25 V Pontevedra
26 S A Coruña
27 D A Coruña

OCTUBRE 2009
2 V Alicante
3 S Alicante
4 D Alicante
7 X Sevilla
8 J Sevilla
9 V Sevilla
10 S Sevilla
11 D Sevilla
15 J Vitoria
16 V Vitoria
17 S Pamplona
18 D Pamplona
22 J Aranda de Duero
23 V Burgos
24 S Segovia
25 D Medina del campo
28 X Badajoz
29 J Mérida
30 V Huelva
31 S Huelva

NOVIEMBRE 2009
4 X Cartagena
5 J Lorca
6 V Ceuti
7 S Yecla
8 D Cieza
11 X Bilbao
12 J Bilbao
17 M Avilés
18 X León
19 J León
20 V Salamanca
21 S Salamanca
22 D Ávila
23 L Zamora
26 J Miranda de Ebro
27 V Santurce
29 D Valdepeñas

DICIEMBRE 2009
4 V Gran Canaria
5 S Gran Canaria
6 D Gran Canaria
12 S El Puerto de Santa
13 D San Fernando
16 X Ciudad Real
17 J Cuenca
18 V Albacete
19 S Manzanares
20 D Talavera de la Reina

ENERO 2010
8 V Córdoba
9 S Córdoba
10 D Jaén
11 L Málaga
12 M Málaga
15 V Logroño
16 S Logroño
17 D Calahorra
20 X Gijón
21 J Gijón
22 V Santander
23 S Santander
30 S Torrelavega
31 D Torrelavega

6 de abril de 2009

Dias sin beber. Texto de Javier Rioyo, publicado en su blog.

DÍAS SIN BEBER

Cuando digo sin beber quiero decir sin beber trago largo. Destilado. El vino no cuenta. No me imagino la vida sin vino. Tampoco sin whisky, pero llevo diez días sin tomar una copa. No creo que resista mucho más. No estoy en esa competición. No bebo porque soy cobarde y sugestionable. También porque llevo días griposo y acatarrado, aunque eso otras veces era la perfecta excusa para mezclar un poco de coñac con la leche caliente y la miel. Pero nada, ni eso. ¿Por qué?
Por culpa de William Styron, de su memoria de la locura, de su narración melancólica de la depresión. Un relato breve, eficaz, directo y cercano como un buen trago del mejor escocés. Además el lúcido, excelente, traductor y firmante de un eficaz epílogo, me recordó la lectura que una vez hice de "Esta casa en llamas". Dice Horacio Vázquez Rial- en su "condición de alcohólico con treinta años de abstinencia a las espaldas y mucho leído al respecto"- que es la mejor novela que conoce sobre el alcoholismo. Me sobrecogió hace treinta años pero no me hizo desear dejar de beber. Ahora me da miedo leerla porque todavía no quiero ser un alcohólico en abstinencia. Todavía quiero volver a mi enfermedad.
Para rematar mis dudas, mis temores, mi lucha y mi derrota, se me ocurrió ver en el teatro "Días de vino y rosas", con Carmelo Gómez y Silvia Abascal. Son tan eficaces, tan verdaderos, la obra está tan viva, visita unos infiernos tan cercanos que, después de una semana, sigo con mi abstinencia de whisky y otros placeres alcohólicos. Menos mal que todavía bebo vino. Adiós, me espera un Somontano. Y mañana Jerez de la Frontera.

26 de marzo de 2009

Entrevistado por Carles Francino en "Hoy por Hoy" -Cadena SER-

Para escucharla, seguid este link

22 de marzo de 2009

Posiblemente haya historias peores (2ª parte de la entrevista con una mujer en alcohólicos anónimos)

Cuando “todo iba bien”, los dos bajábamos los domingos al bar a tomar unas copas después de comer. Los dos nos quedábamos con amigos que iban viniendo y marchando -así me hablaba, con ojos de bonachón y cara rellena, el marido de una alcohólica-. Y continuaba: Poco a poco empecé a notar que mientras yo me bebía un cubalibre, ella se pedía dos, luego tres y al final nos tenían que echar del bar. Empecé a preocuparme y me bebía sus cubatas para que pareciese que ya estábamos muy borrachos y ella entendiese que había que ir a casa. Pero era inútil, con su lengua de trapo pedía y pedía porque la cuestión no era el número de copas sino que el cuerpo no podía más o nos echaban del bar. Ahí empezó todo.

De alguna manera, nuestro hombre se sentía cómplice cuando lo explicaba. Porque en efecto, como ya os he dicho, los alcohólicos son maestros en buscarse culpables.

El siguiente proceso es que ya se bebía en casa. Empezaron las broncas, las estrategias y las mentiras. Tengo recuerdos como que mandaba al niño a por vino blanco para el pollo guisado del domingo y volvía con cuatro tetra-briks que el pollo nunca veía.

Luego empezó a desaparecer de casa y me convertí en el hombre- vigía, siempre sentado en la ventana esperando a que llegase a cualquier hora del día o de la noche. Y en efecto aparecía, cuando aparecía, haciendo zig-zag de una acera a otra.


Recuerdo que muchos días, a media mañana en el trabajo, me golpeaba el zarpazo del vértigo en el estómago y dejaba el trabajo en ese mismo instante y me lanzaba a la calle a buscarla.

Recuerdo que odiaba la noche

Recuerdo que, en las noches en que ella volvía a casa, limpiaba meticulosamente sus pies, la arropaba, le daba besos, la peinaba y algunas veces la dejaba dormir en el sofá donde había caído derrumbada, y otras la importunaba hasta conseguir acostarla en la cama. Y así noches y noches y noches interminables.


Un hombre hecho y derecho me confesaba aquella tarde - con unas tazas de chocolate en la mesa-, ante la mirada testigo de quien asiente y lo ha oído muchas veces: su mujer -que él la odió casi tanto como la amó-, que le daba tanta rabia su obstinación de mula alcohólica que la hubiese matado. Inmediatamente, mi memoria de actor me llevó a Otelo y Desdémona.

Era desesperante, tan desesperante que abría la ventana para ver si cogía un buen constipado y se quedaba derrumbada en el sofá durante cuatro días sin salir a la calle - continuaba él.


Ella sonreía, como diciendo: no se ha inventado todavía el catarro que pueda con el impulso de un alcohólico. Pero nunca le interrumpió. Había un acuerdo entre ellos que se respetaba de forma cartesiana.

La he buscado durante horas, he vivido con una presión en el estómago durante años, cuantas más razones para odiarla, más la amaba. Cuanto más la explicaba, más me ignoraba, cuanto más la ayudaba, más bebía, cuanto más la compadecía, más bebía, cuanto más la odiaba, más bebía. Siempre bebía. Siempre.


Ella escuchaba estas palabras sonriendo de pesar, sabiéndose ahora en una balsa a salvo de las corrientes.

Hasta que un día, después de mucho sufrir, de mucho andar, de muchos insultos y muchas amenazas, después de muchos parques recorridos, la encontraba donde no quería imaginar ni podía dejar de hacerlo: otros hombres, ella inconsciente, sin voluntad, ella sola, sin mí, sin los suyos, frágil. En fin.

Yo no era bien recibido, me decía las cosas más terribles, me expulsaba de allí; no quería testigos, supongo. Ella elegía cuándo quería volver a casa. Nosotros sólo somos una coartada y el alcohol se ríe de todos.

Un día saqué hartura de flaqueza y con una botella de cerveza en la mano le dije: si la abres, cojo al niño y me marcho. Sus ojos pesados me miraron en unos eternos instantes y de repente oí el click característico de los tapones de las litronas cuando se abren. Entonces, con más desesperación que flaqueza, me marché con el niño. Luego supe que estuvo toda la tarde llorando y bebiendo, supe que había tocado fondo, supe que había ido a Alcohólicos Anónimos. Yo empecé a ir a Al-Anon y esa fue la semilla de un cambio radical en nuestras vidas después de tantos años.

Pero no era más que el principio de otro áspero camino. En nuestra realidad sobria no nos conocíamos y hubo que aprender a aceptarnos, ella sin beber, yo sin ayudarla o esperarla en la ventana, que es lo único que sabía hacer.


Según los ojos de nuestro hombre, no hubiese sido posible vivir con una extraña si no fuese porque la amaba. Y yo pienso: se puede amar sin saber por qué.

Posiblemente haya historias peores, pero quién determina en este paseo de Dante qué es peor: un brazo amputado, un cuerpo sin hígado… O una vida rota.

Lo que estas tres vidas han padecido no se lo deseo a nadie, simple y llanamente.

18 de febrero de 2009

"La casa de mi padre". Estreno, 3 de abril



'La casa de mi padre', una visión del conflicto vasco con la familia como nexo de unión
Eider Jauregi - | eitb.com |

A unas semanas de su llegada a nuestros cines, ya se puede ver el trailer de la primera película del donostiarra Gorka Merchán, que aborda la realidad vasca a través de los sentimientos de los miembros de una familia de ideologías enfrentadas.

Tras su primera presentación en el Día del Cine Vasco en el Zinemaldia 2008, este 6 de marzo se estrena La casa de mi padre, un filme protagonizado por Carmelo Gómez, Verónica Echegui, Juan José Ballesta y Emma Suárez, entre otros.

La película, grabada en localizaciones como Hernani, Errenteria, Hondarribia o Tolosa, parte con el regreso del empresario y en su juventud pelotari Txomin Garay (Carmelo Gómez) a su pueblo tras 10 años en Argentina, a donde se marchó tras exigirle ETA el denominado "impuesto revolucionario".

El principal motivo de su vuelta, en el que le acompañan su mujer Blanca (Emma Suárez) y su hija Sara (Verónica Echegui) es que su hermano Koldo, con el que hace años no se habla, se está muriendo.

A pesar de las diferencias que entre los dos siempre ha habido, Koldo le encarga a su hermano una delicada tarea: "reencauzar" a su hijo adolescente, Gaizka (Juanjo Ballesta), un pelotari prometedor que no termina de centrarse en el juego.

La película se centra en la difícil relación que se establece entre Txomin y su sobrino, vinculado a la kale borroka, así como entre la atracción que surge entre Gaizka y su prima Sara.

Bajo la dirección de Gorka Merchán y un guión de Iñaki Mendiguren, la película trata de "hablar de unión, no de la separación". Así, en la presentación del filme en el Festival de Cine de Donostia-San Sebastián, el director donostiarra explicó que la historia "cristaliza el momento en el que la familia y las personas se ponen por encima de todo lo demás. Es lo que deberíamos hacer todos, poner por encima los sentimientos y no otros intereses u odios".